Quince días de furia: cómo se derrumbó el gobierno de Puerto Rico


El levantamiento que derrocó a los dirigentes de Puerto Rico podría remontarse a un día del presente mes cuando el gobernador, Ricardo Rosselló, ni siquiera estaba en la isla: estaba de vacaciones en Europa, alimentando su Instagram con fotos de él y su esposa sonriendo y disfrutando de París.

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El legado político que él y su padre —un exgobernador— habían construido comenzó a desmoronarse unos días después de iniciado su viaje, cuando dos exintegrantes de su gobierno fueron acusadas de corrupción a nivel federal. Un día después, se filtraron varios mensajes de texto desagradables que habían escrito él y su círculo cercano de amigos poderosos; en uno de los mensajes se llamaba “puta” a una política destacada. Rosselló canceló de inmediato sus vacaciones; se bajó de un crucero en un puerto de escala para tomar tres vuelos diferentes y dejó ahí a su familia.

Colectiva Feminista en Construcción, un grupo de mujeres que había estado mucho tiempo en desacuerdo con el gobernador, ya había entrado en acción. Cuando Rosselló bajó del avión el 11 de julio, soñoliento y distraído, se encontró con casi cien personas, convocadas por el colectivo feminista y otros grupos de activistas, que agitaban carteles de protesta y le exigían que renunciara.

“Fuimos al aeropuerto para que viera el país al que estaba regresando”, comentó Shariana Ferrer, una de las organizadoras. “Esto no solo era por el lenguaje. No era porque nos llamaran putas. Era porque un gobernador había abusado de su poder”.

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